Archivo por meses: noviembre 2015

LOS MANANTIALES DE EUROPA (La Razón 14 de Julio de 2014)

La civilización y cultura occidentales son ríos que brotan del manantial grecolatino. Un tesoro rescatado gracias a la colosal obra benedictina de evangelización de Europa. En monasterios y abadías los monjes con su oración, pensamiento y trabajo se erigieron en cimientos de la civilización occidental, demostrando que la Iglesia no sólo no teme a la cultura, sino que es su fomentadora más constante.

Con distintas formas y revestimientos la tradición europea se fundamenta en el mismo núcleo central: en el hombre, que es para la antigua Grecia la medida de todas las cosas y para la Europa cristiana imagen y semejanza de Dios. Este espíritu europeo, centrado sobre el sentido de la dignidad humana, es la seña de identidad del Viejo continente y evidencia que muchas naciones, no sólo europeas, deben hoy su acervo de valores al Cristianismo.

La actual desmemoria sobre aquél común patrimonio en que caen algunas corrientes europeas es síntoma del delirio de la posmodernidad. De nuevo toca arrancar de la persona todo atisbo de trascendencia, expandir la indiferencia religiosa y certifi car la incompatibilidad entre fe y razón. En suma, Dios estorba. No es táctico invocarlo. Es el mismo mensaje que ya difundieran hace más de un siglo sus acusadores, Marx, Nietzsche, y Freud: La alienación del hombre acabará el día en que éste tenga conciencia de que su único Dios es él mismo. Desgastado mensaje tributario de la Ilustración con su razón divinizada. La ejecución de Luis XVI representó la muerte de la autoridad divina. El hombre quiere resolver desde abajo cuestiones dependientes antes de arriba y él decide lo que es justo e injusto, lo bueno y lo malo. El mundo fue directo hacia la devastación causada por los totalitarismos. Todo un funesto retroceso de la civilización occidental.

Hoy se percibe el mismo afán por colocar a la Iglesia sobre el banquillo de los acusados ante un tribunal popular, documentar sus actuaciones traidoras a los intereses de las masas para después proclamar una sentencia y ejecutar el castigo. Otra vez agrandar al hombre y reducir a Dios. Pero el exilio de Éste acarrea el colapso de aquél y le arroja a esa espantosa soledad espiritual del hombre moderno que nada posee fuera de su precaria existencia individual. El agnosticismo, la congoja y el egoísmo del hombre nuevo parecen la negación exacta de las tres virtudes teológicas: fe, esperanza y caridad. Pero pese a todo, por nuestra Europa sigue esparciéndose una tenue, aunque ardiente, noticia de Dios.

LIBERAR LA CULTURA (La Razón 28 de septiembre de 2014)

“Cuando un príncipe dotado de prudencia ve que su fidelidad en las promesas se convierte en perjuicio suyo y que las ocasiones que le determinaron a hacerlas no existen ya, no puede y aun no debe guardarlas, a no ser que él consienta en perderse”. Ignoro si el presidente del Gobierno leyó este texto de Maquiavelo en El Príncipe antes de decidir la retirada del anteproyecto de Ley Orgánica de Protección del Concebido y los Derechos de la Embarazada. Pero lo cierto es que no ha guardado fidelidad a una de las promesas del programa electoral con el que alcanzó el poder. ¿Qué hay detrás de esta decisión del Gobierno? ¿Engaño o complejo?

No veo a Arriola, cual eminencia diabólica oculta entre bastidores, urdiendo maquiavélicamente fraudes y artificios contra los votantes del PP. Ni creo que este partido sea, en palabras de un obispo, una “estructura de pecado” ni un “siervo del imperialismo transnacional neocapitalista”. Sí considero hoy la política más como una acción de mercadotecnia que como sabia tarea dotada de dimensión moral. O en palabras de Vaclav Havel, una especie de tecnología del poder, un juego virtual para consumidores, en vez de un asunto serio para ciudadanos serios. Los partidos se asemejan a empresas que venden masivamente su producto, su programa electoral. Continuamente testan el mercado para conocer las preferencias de los electores. Seguro que Rajoy tomó su decisión con base en una concienzuda y rigurosa prospección de las tendencias de voto y calcula que el incumplimiento de su compromiso le dará más ganancias que pérdidas. Ya se verá.

Por encima de los cálculos electoralistas, sobresale una cuestión. Si en el puente de mando de la calle Génova han decidido dar un viraje al rumbo previamente trazado en busca de caladeros de votos diferentes de los que les auparon para gobernar, es porque desgraciadamente ni el valor provida, tachado de retrógrado por la presente cultura dominante, cotiza al alza, ni el PP, temeroso de un nuevo cordón sanitario aún con mayoría absoluta, se atreve a levantar, en escenario hostil, la bandera en defensa de la vida. El debate cultural se revela más prioritario que el político. La derecha en España lleva cuarenta años ausente del debate de las ideas. Acomplejada, refugiada en sus cuarteles de invierno, ha evitado siempre la confrontación intelectual con sus adversarios. Ante el binomio regeneracionista de Costa “escuela y despensa”, cultura o economía, la derecha siempre ha escogido su asignatura preferida: sanear las cuentas públicas, dejando que la izquierda moldeé la sociedad a su antojo. Esa renuncia continua a entablar la batalla cultural impide al PP transformar en moral de victoria lo que desde hace años es una pertinaz moral de derrota a pesar de sus dos mayorías absolutas.

El complejo del PP es evidente en la terminología. Desde Fraga a Rajoy pasando por Aznar, sus dirigentes han dado la impresión de preferirlo todo menos que les llamen conservadores o de derechas. Tales términos les resultan comprometedores como mercancía de contrabando. Prefieren fórmulas vagas e imprecisas para encubrir la realidad. La escasa determinación para hablar de pensamiento de derechas es uno de los males que más debilita y resta influjo a toda propuesta cultural que permita al PP dotarse de una identidad clara y de unos valores, los suyos, que mantenga inmutables a pesar de los vaivenes electorales. De una vez por todas debe jugar a ganar esa inevitable partida contra el actual monopolio cultural que desprecia, proscribe y ejerce intolerancia contra las ideas contrarias. Solo desbrozando los terrenos de la cultura podrán germinar semillas que proporcionen frutos políticos.

LA RELIGIÓN AL REVÉS (La Razón 11 de Julio de 2015)

Los totalitarismos del siglo XX jamás permitieron que en sus sociedades dominadas y controladas férreamente permaneciera libre reducto alguno. Como la religión católica es una religión de libertad y para la libertad pretendieron el destierro o la eliminación de la Iglesia para luego, ocupar su hueco con sucedáneos de religión o religiones al revés. Así actuaron el nazismo y el comunismo en tanto que ideologías materialistas e inhumanas. Sucursales del infierno en la tierra como las describió Joseph Roth, para quien había poca diferencia entre ambos. Fueron sistemas inhumanos e impíos que trataron de alumbrar religiones sustitutorias.

En la Alemania nazi era frecuente encontrar en la prensa esquelas mortuorias con esta mención: “Murió confortado por la fe inquebrantable en el Fuhrer”. El día en que los alemanes, en lugar de saludarse en nombre de Dios, empezaron a saludarse en nombre de Hitler, nació en Alemania un nuevo culto. El análisis más certero del régimen hitleriano como religión sustitutoria, lo hizo el Papa Pío XI en su encíclica “En mi angustiosa inquietud”, en la que denunciaba la incompatibilidad entre el catolicismo y los presupuestos racistas y paganos del nazismo, movimiento pseudorreligioso, según el Pontífice, y una idolatría completamente inaceptable entre hombre civilizados. Pero la proclamación de un credo civil sustitutivo de la religión no fue estrategia únicamente del nacionalsocialismo. El comunismo también representó un intento de anular la fe católica creando una liturgia atea. Cuando Stalin ordenó el asesinato de cientos de miles de personas en el Gran Terror de 1937, les dijo a algunos de sus colaboradores más antiguos que estaban a punto de ser eliminados en las purgas: “Quizá pueda explicarse por el hecho de que habéis perdido la fe”. En efecto, el comunismo era una fe, una creencia en una religión laica o secularizada. No en vano, al Moscú soviético se le llamó la Roma del proletariado. En La corte del zar rojo, Simon Montefiore subraya una y otra vez el fanatismo de los primeros bolcheviques. Odiaban el judeocristianismo pero la ortodoxia de sus padres se vio sustituida por algo incluso más rígido: una amoralidad sistemática. Los redentores de la esvástica y de la hoz y el martillo sustituyeron a Dios como si ellos fueran Dios. Y así como los emperadores de Roma se creyeron dioses y sucumbieron, lo mismo sucedió a los emperadores totalitarios.

En su visita a Bolivia el Papa Francisco ha sido agasajado por el presidente Evo Morales con un obsequio difícilmente comprensible: Una escultura que representa un Cristo crucificado sobre el mango de un martillo unido a una hoz, o una hoz y un martillo, en cuyo mango se halla un Cristo crucificado. La talla es una reproducción de una obra realizada por el jesuita español Luis Espinal, asesinado por paramilitares en la Bolivia de 1980. Para la posteridad ha quedado el rostro de asombro y extrañeza con que el Santo Padre ha recibido semejante presente. Cuando Karol Woytila era Arzobispo de Cracovia se alzó discrepante y resistente ante algunas voces del Vaticano que concluían que la única vía para la supervivencia de la Iglesia católica era la coexistencia condescendiente con los hijos de Marx. Quien mas tarde sería el Papa Juan Pablo II dijo que no caben concesiones con ideologías que te privan de libertad y te arrebatan el alma. El tiempo le abastecería de razón. Las religiones al revés siempre son derribadas.

GUARDIANES DEL LENGUAJE (La Razón 25 de Septiembre de 2005)

Desde que en la Antigüedad clásica Mefistófeles le dijera a Fausto que con palabras se inventa un sistema, los tiranos han practicado frecuentemente la subversión del lenguaje para fingir una realidad a la medida de sus intereses y conveniencias. No en vano, el dictador soviético Stalin afirmaba que “de todos los monopolios de que disfruta el Estado, ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario”. La posmodernidad relativista acarrea un vicio nefasto: la adulteración del lenguaje. Es el nuevo caballo de Troya que penetra en las ciudadelas de hogares y aulas preñado de un ejército de dogmas, falacias, mitos y utopías. Argamasa de un pensamiento débil y políticamente correcto que persigue tapar las verdades objetivas y absolutas.

En España, algunos políticos andan obsesionados con el léxico. Se afanan en que la terminología les resulte siempre favorable. Hay dirigentes que desvirtúan el concepto de Nación en un intento de equipararlo a realidades político-administrativas que nunca lo han sido, ni histórica ni jurídicamente. Hay dirigentes que tergiversan el significado de la palabra paz, ya sea disfrazando de misión de paz lo que son operaciones militares armadas expuestas al riesgo del terrorismo, ya sea confundiendo con loables deseos de paz lo que son las ansias de justicia y libertad de una castigada tierra española. Hay, en fin, dirigentes que se empeñan en llamar matrimonio a uniones entre dos personas del mismo sexo que jamás podrán serlo ni natural ni biológicamente. Tales desviaciones del lenguaje corroen y disuelven los conceptos de nación, orden social y relaciones internacionales. Y con ello, parafraseando a Mefistófeles, se inventa un régimen.

Todavía queda una parte considerable de la izquierda española conservada en el formol del totalitarismo, incapaz de librarse de esa irrefrenable inclinación a generar manipulación y propalar mentiras. El idioma no puede haberse vuelto loco, clamaba Hannah Arendt. Por si acaso, opongamos a las locuras de estos tiempos, las precisiones de la verdad. La falta de escrúpulos en el falseamiento del lenguaje encuentra siempre un límite cuando se topa con la verdad.

EN BUSCA DE DIOS (La Razón 3 de Julio de 2012)

Juan Valera, en su opúsculo de 1869, La revolución y la libertad religiosa en España, dice que “desde el principio de las sociedades ha dicho el impío en su corazón que no hay Dios. Desde el principio de las sociedades ha sostenido el creyente que lo hay. Esta lucha ha durado siempre”.

En el último tercio del siglo XX, las sociedades fueron permeables a las religiones. Pero con consecuencias dispares. A causa de la religión, el régimen del Sha de Persia daba paso en Irak a un Estado teocrático dirigido por los ayatolás. En Europa, la religión católica, de la mano de Juan Pablo II, fue uno de los factores del derrumbe del comunismo provocando una imparable democratización de los Estados satélites de la URSS. Hoy, en cambio, en las modernas sociedades occidentales se ha puesto cerco a Dios y son elevadas las voces que han decretado su desaparición.

Benedicto XVI ha propuesto a la Iglesia católica acoger y escuchar a los que no creen en Dios. En su discurso a la Curia Romana el 22 de diciembre de 2009 habló, por primera vez, del Atrio de los Gentiles como un espacio metafórico, y a la vez, físico de apertura y encuentro que une, no separa, a los creyentes y los no creyentes que buscan a Dios. Desde entonces, en muchas partes del mundo se celebran y desarrollan iniciativas que participan de esta idea de diálogo. En Barcelona tuvo lugar en mayo un Atrio de los Gentiles en el incomparable marco de la Basílica de la Sagrada Familia. Hace escasos días, en Avila, el Cardenal Cañizares debatía con Rodríguez Zapatero en torno al humanismo del siglo XXI. Y el próximo Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas y el CEU, dedicará un espacio de diálogo sobre la fe, la razón y la vida.

Lo que desea el Papa con el Atrio de los Gentiles lo explicó Sánchez de Toca, Subsecretario del Pontificio Consejo de la Cultura, en brillante y aleccionadora conferencia en la Fundación Pablo VI. Es un umbral al que acceden y cruzan los no creyentes insatisfechos por el materialismo dominante y que teniendo a Dios por un desconocido o extraño, lo buscan a tientas, como en la oscuridad. Porque, en suma, no les gusta estar sin Dios. No son ateos radicales ni agnósticos laicistas. Son, en palabras de Herrera Oria, no creyentes de mirada limpia. Con atención y preocupación pastoral, el Papa nos anima a no desinteresarnos por los que no creen. Y ha conectado el Atrio de los Gentiles con la Nueva Evangelización. Porque la cuestión de Dios, la búsqueda de Dios es hoy esencial para la Humanidad. Como católicos no podemos aislarnos, creyendo estar en posesión de la verdad, sino que debemos abrirnos al diálogo y estar en actitud de búsqueda de la verdad para compartirla. Es esa búsqueda común de Dios la esencia del Atrio de los Gentiles.

El poder de la educación

“Cumplí los 29 años durante mi primer viaje a Etiopía, enfermo, con fiebre alta y diarrea. Aún no sabía que aquel sería mi hogar. Entonces yo era lo que llamaban ‘un abogado de éxito'”. Así arranca la primera página del viaje que llevó a un tipo con ‘la vida resuelta’, casa propia, BMW y reloj caro a abandonarlo todo y comenzar de cero en algún lugar de África.

Su nombre, Paco Moreno, autor del libro ‘Mi lugar en el mundo’, la novela autobiográfica ganadora del premio Feel Good que entregan la Obra social ‘La Caixa’ y Plataforma Editorial.

La primera vez que Moreno viajó a la tierra color ébano, lo hizo como voluntario. Mochila al hombro, marchó al país en el que nace el Nilo Azul. África se cruzó en su camino y nada volvió a ser lo mismo. “Por aquel entonces ganaba bastante dinero. Todo me iba viento en popa. Sentía que era un privilegiado y que tenía que hacer algo por los demás”, cuenta el escritor de la novela.

Y así fue. En 2005, después de varios aviones de ida y vuelta, Moreno fundó la ONG Amigos de Silva, una asociación que busca mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan en países subdesarrollados y sensibilizar al primer mundo. “Realmente compensa. En los años que trabajé en España no di con nadie que mereciese la pena. En cambio, en Etiopía encuentro cada día gente maravillosa”, añade.

Los proyectos que Amigos de Silva tiene actualmente en marcha se desarrollan en la región de Afar, la más pobre y necesitada Etiopía. Allí, Moreno y su equipo trabajan en la construcción de hospitales y centros de salud, en proyectos nutricionales para los más pequeños, en la prevención de la malaria y en la creación de pozos de agua potable. “Nuestra meta es que los habitantes de estas tierras desérticas no tengan que recorrer kilómetros para beber agua. Entonces, tal vez puedan ir a la escuela. La educación es el único arma para escapar de la pobreza“.

Fuente: Diario El Mundo:

http://www.elmundo.es/vida-sana/2015/11/20/564df97346163f6c2c8b45a7.html

La fuerza de la voluntad

Un alumno inteligente llegará lejos. Uno voluntarioso llegará a donde se proponga. Nada se resiste ante una voluntad firme. Todo se doblega ante ella. La inteligencia es un grandioso talento que decrece y hasta desaparece si no se desarrolla ni vigoriza. Incurre en dispersión y acaba siendo algo estéril.

Dos inteligencias de igual alcance obtienen diferentes resultados según sea la voluntad que las dirige. Por ello, la capacidad intelectual depende enormemente de la fuerza de la voluntad; ésta fuerza se asienta en la decisión para emprender, en la resolución para ejecutar y en la perseverancia para llevar a término el camino emprendido. El dominio de la voluntad permite medir la cantidad y la calidad del esfuerzo, alentarlo en circunstancias de escasez y templarlo en momentos de abundancia.

Lo que empujó a Filípides a perseverar en su carrera anunciadora de victoria desde la llanura del Maratón hasta Atenas fue la fuerza de voluntad. Lo que sostuvo despierto a Rodrigo de Triana en lo alto de La Pinta permitiéndole avistar un nuevo Continente fue la fuerza de voluntad. Lo que propició que Henry Stanley culminara a orillas del Lago Tanganica una incansable búsqueda con aquella frase “Doctor Livingstone, me supongo”, fue la fuerza de voluntad. Y lo que facilitó que Amstrong pronunciara su histórica frase sobre la superficie lunar fue la fuerza de voluntad.

No hay educación posible sin la fuerza de la voluntad.

ALCALDESA Y POETISA SIN ENCANTO (La Razón 19 de Febrero de 2016)

A orillas del mar de la cultura, que es el Mediterráneo, se inició una solemnidad para el reconocimiento cultural y se concluyó con un atentado a la cultura. A la cultura occidental y cristiana. Contra ella embistieron aquellos totalitarismos, que hoy creíamos fenecidos, y que siempre han instalado su bárbara tiranía sobre las cenizas de la cultura humana. Alrededor de una pira de libros siempre terminan danzando unos borrachos con camisas pardas. Los artistas críticos con el Presidium desaparecen en furgones  negros conducidos por la KGB. Cuando a mediados del siglo pasado, Ikeda, director de cine japonés, abrió una escuela de actores en Kyoto, colocando en su frontispicio la leyenda “El arte y la moral caminan dándose la mano”, ignoraba el cineasta que en el siglo XXI aún quedarían por ahí algunos retrasados corifeos de aquella vieja teoría del arte independiente de la moral. Estos nuevos comunistas de laboratorio, bolcheviques-probetas, nos asaetean con iguales tópicos de antaño: ¡hay que crear una cultura alternativa y comprometida! ¡hay que constituir vigorosos consejos culturales de resistencia! Son las formas de beatería progresista, las de siempre. Quienes reducen el ámbito del pensamiento y las ideas al círculo vicioso de lo puramente ideológico y estrechamente razonante, solo tienen una salida pantanosa y deprimente: la del sectarismo. Y terminan adorando a esos falsos ídolos como la nación, la raza, el partido y la clase maniqueamente lanzada contra las demás. ¡Pero si las consecuencias ya las conocimos en el siglo XX! una estela sangrienta de pluralidades irreductibles, discordias feroces y ruinas sin fin.

La alcaldesa de todos dice estar satisfecha por el alto momento creativo que vive Barcelona. ¡Qué prejuicio tan tenaz hay que tener para dar al arte irreverente y vulgar la excusa de obedecer a las exigencias del público! La poetisa, aspirante a sacerdotisa de Gaia, la diosa de la Tierra, ha declarado que su intención no era ofender. Y como la cultura educa el gusto del público, los testigos del disparate tuvieron ocasión de ser instruidos con palabras como coño o hijos de puta. Pero lo más bochornoso no resulta su lacayo sectarismo, tampoco su obsesivo deseo de blasfemar contra la religión católica, solo contra ésta. Lo que resulta una afrenta vergonzosa al arte y a la cultura es la diminuta originalidad temática, la insignificante sensibilidad artística y el exiguo encanto de la autora del poema. Una aficionada lo hubiera hecho mejor.

Peregrinos de la educación

El filósofo Ortega y Gasset en su libro España invertebrada narra la anécdota de un viajero inglés por tierras españolas que al llegar a una ciudad pregunta a un habitante por la localización de una calle cualquiera a la que debía dirigirse. El preguntado no sólo le dijo qué camino debía tomar, sino que, además, le acompañó hasta el mismísimo lugar. Quedó muy sorprendido el visitante preguntándose si es que los españoles no tienen nada mejor que hacer más que acompañar a la gente a encontrar su destino. A partir de esta anécdota, Ortega reflexiona sobre si los españoles tenemos o no destino, tenemos o no una misión.

Es muy conveniente que las personas, las instituciones o, incluso, las naciones, tengan un destino, una misión, un fin al que dirigirse y por el cual se afanen. Ello nos enseña, apreciado lector, la diferencia entre peregrino y vagabundo. El peregrino es hombre en camino, sabe a dónde va. Planifica su travesía. Al llegar a las encrucijadas sabe qué dirección tomar. Si la pendiente es dura, no se arredra. Continua adelante aunque le cueste. Sabe lo que quiere y quiere lo que sabe. El vagabundo da pasos sin norte, presa de la indiferencia o el desconcierto. Deambula, no camina; carece de plan de ruta. En las encrucijadas, o toma la dirección derecha o la izquierda, o retrocede si el terreno es arduo o enrevesado.

El camino de la educación lo es para peregrinos. Nunca para vagabundos. Por él vamos hacia el encuentro con lo mejor. Avanzar cada día por la senda trazada y acertada no nos convierte en los mejores, pero sí nos hace cada día mejores.

¿QUÉ ES UNA PERSONA NORMAL? (La Gaceta de los negocios 5 de Mayo de 2007)

Las preguntas sobre el precio de un café o el sueldo de un auxiliar administrativo formuladas, respectivamente, a Zapatero y a Rajoy en el programa Tengo una pregunta para usted han sido muy aireadas. Importantes para la superficie. No para el fondo. Su gran repercusión obedece a las respuestas de los interrogados y al afán de los medios de comunicación por el titular llamativo. Hubo otras preguntas menos atrayentes y mediáticas que, sin embargo, encierran un significado más penetrante. Permiten vislumbrar el extravío moral que asola la vida pública. Una joven ciudadana inquirió con insistencia a Rajoy, ¿Qué es una persona normal? pues éste convocó a la gente normal y sensata a una manifestación contra la prisión atenuada concedida al terrorista De Juana. Responder hoy en España a esta pregunta exige, primero, denunciar la dictadura del relativismo imperante. Ello supone algo más que posicionarse ideológicamente ante una manifestación contra la decisión de un Gobierno. Supone reconocer que política y moral no están disociadas.

Rajoy respondió directa, aunque difusamente, que una persona normal es “la gente que tiene un cierto sentido de la Justicia, que quiere empleo, que los terroristas cumplan sus penas”. Rubricó su respuesta con una expresión gráfica: “¡la vida misma!”. ¡Qué ocasión desperdició para diagnosticar rotundamente el mal que padecemos y aplicar, si es que dispone de ella, la terapia. Apeló a un concepto talismán: La Justicia. Un valor constitucional que suena bien. Pero no mencionó conceptos como el bien y el mal; moral e inmoral, tan necesarios hoy. Nuestra época tiene en común con la de los totalitarismos la voladura de las líneas divisorias entre el bien y el mal, lo normal y lo anormal, lo moral y lo inmoral. Si la catarsis que experimentó la conciencia colectiva mundial tras la barbarie nazi ha permitido calificar como perverso, anormal y profundamente inmoral lo que en la Alemania de Hitler era tenido por beneficioso, normal y socialmente aceptable, hoy habrá que concluir que quien impone sus ideas violentamente y amenaza y asesina a los que no piensan como él, ni es persona de bien, ni es normal ni es moral. Un Gobierno que no reprime estas conductas y los seguidores que le apoyan tampoco los son.

La contestación debió ser clara y sin apocamiento. En materia de terrorismo, el Gobierno ni lo hace bien ni hace el bien. Su acción es inmoral. Más aún, sin principios éticos no hay acción, sino omisión. Su política antiterrorista no es normal. Negocia con terroristas sin que éstos previamente renuncien a la violencia. Omite aplicar todo el peso de la ley y así, un terrorista preso ve facilitada su salida de prisión y quien debiera ingresar en ésta no lo hace. Llama a los terroristas gente de paz y buenos chicos. Desprecia a las víctimas y las tilda de obstáculo para la paz. Un Gobierno que comete tales arbitrariedades no es normal, no tiende al bien y carece de moral. Rajoy debió denunciarlo sin tapujos.

En Francia, Sarkozy aboga por vincular política y moral. Dice que la moral, algo de lo que no se podía hablar después de mayo de 1968, es  una palabra que no me da miedo. Los herederos de Mayo del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal; habían intentado hacer creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, que no podía existir ninguna jerarquía de valores, que se había acabado la autoridad”. Sarkozy ha añadido: “Que el heredero de este nefasto equívoco de la historia es la izquierda, y más concretamente, los socialistas”. ¿Es Sarkozy una persona normal? En la decadente Europa es una rara avis.