Archivo por meses: Noviembre 2015

El poder de la educación

“Cumplí los 29 años durante mi primer viaje a Etiopía, enfermo, con fiebre alta y diarrea. Aún no sabía que aquel sería mi hogar. Entonces yo era lo que llamaban ‘un abogado de éxito'”. Así arranca la primera página del viaje que llevó a un tipo con ‘la vida resuelta’, casa propia, BMW y reloj caro a abandonarlo todo y comenzar de cero en algún lugar de África.

Su nombre, Paco Moreno, autor del libro ‘Mi lugar en el mundo’, la novela autobiográfica ganadora del premio Feel Good que entregan la Obra social ‘La Caixa’ y Plataforma Editorial.

La primera vez que Moreno viajó a la tierra color ébano, lo hizo como voluntario. Mochila al hombro, marchó al país en el que nace el Nilo Azul. África se cruzó en su camino y nada volvió a ser lo mismo. “Por aquel entonces ganaba bastante dinero. Todo me iba viento en popa. Sentía que era un privilegiado y que tenía que hacer algo por los demás”, cuenta el escritor de la novela.

Y así fue. En 2005, después de varios aviones de ida y vuelta, Moreno fundó la ONG Amigos de Silva, una asociación que busca mejorar las condiciones de vida de las personas que habitan en países subdesarrollados y sensibilizar al primer mundo. “Realmente compensa. En los años que trabajé en España no di con nadie que mereciese la pena. En cambio, en Etiopía encuentro cada día gente maravillosa”, añade.

Los proyectos que Amigos de Silva tiene actualmente en marcha se desarrollan en la región de Afar, la más pobre y necesitada Etiopía. Allí, Moreno y su equipo trabajan en la construcción de hospitales y centros de salud, en proyectos nutricionales para los más pequeños, en la prevención de la malaria y en la creación de pozos de agua potable. “Nuestra meta es que los habitantes de estas tierras desérticas no tengan que recorrer kilómetros para beber agua. Entonces, tal vez puedan ir a la escuela. La educación es el único arma para escapar de la pobreza“.

Fuente: Diario El Mundo:

http://www.elmundo.es/vida-sana/2015/11/20/564df97346163f6c2c8b45a7.html

La fuerza de la voluntad

Un alumno inteligente llegará lejos. Uno voluntarioso llegará a donde se proponga. Nada se resiste ante una voluntad firme. Todo se doblega ante ella. La inteligencia es un grandioso talento que decrece y hasta desaparece si no se desarrolla ni vigoriza. Incurre en dispersión y acaba siendo algo estéril.

Dos inteligencias de igual alcance obtienen diferentes resultados según sea la voluntad que las dirige. Por ello, la capacidad intelectual depende enormemente de la fuerza de la voluntad; ésta fuerza se asienta en la decisión para emprender, en la resolución para ejecutar y en la perseverancia para llevar a término el camino emprendido. El dominio de la voluntad permite medir la cantidad y la calidad del esfuerzo, alentarlo en circunstancias de escasez y templarlo en momentos de abundancia.

Lo que empujó a Filípides a perseverar en su carrera anunciadora de victoria desde la llanura del Maratón hasta Atenas fue la fuerza de voluntad. Lo que sostuvo despierto a Rodrigo de Triana en lo alto de La Pinta permitiéndole avistar un nuevo Continente fue la fuerza de voluntad. Lo que propició que Henry Stanley culminara a orillas del Lago Tanganica una incansable búsqueda con aquella frase “Doctor Livingstone, me supongo”, fue la fuerza de voluntad. Y lo que facilitó que Amstrong pronunciara su histórica frase sobre la superficie lunar fue la fuerza de voluntad.

No hay educación posible sin la fuerza de la voluntad.

Peregrinos de la educación

El filósofo Ortega y Gasset en su libro España invertebrada narra la anécdota de un viajero inglés por tierras españolas que al llegar a una ciudad pregunta a un habitante por la localización de una calle cualquiera a la que debía dirigirse. El preguntado no sólo le dijo qué camino debía tomar, sino que, además, le acompañó hasta el mismísimo lugar. Quedó muy sorprendido el visitante preguntándose si es que los españoles no tienen nada mejor que hacer más que acompañar a la gente a encontrar su destino. A partir de esta anécdota, Ortega reflexiona sobre si los españoles tenemos o no destino, tenemos o no una misión.

Es muy conveniente que las personas, las instituciones o, incluso, las naciones, tengan un destino, una misión, un fin al que dirigirse y por el cual se afanen. Ello nos enseña, apreciado lector, la diferencia entre peregrino y vagabundo. El peregrino es hombre en camino, sabe a dónde va. Planifica su travesía. Al llegar a las encrucijadas sabe qué dirección tomar. Si la pendiente es dura, no se arredra. Continua adelante aunque le cueste. Sabe lo que quiere y quiere lo que sabe. El vagabundo da pasos sin norte, presa de la indiferencia o el desconcierto. Deambula, no camina; carece de plan de ruta. En las encrucijadas, o toma la dirección derecha o la izquierda, o retrocede si el terreno es arduo o enrevesado.

El camino de la educación lo es para peregrinos. Nunca para vagabundos. Por él vamos hacia el encuentro con lo mejor. Avanzar cada día por la senda trazada y acertada no nos convierte en los mejores, pero sí nos hace cada día mejores.

La educación como principio

Amigo lector: Si me preguntaran qué es la educación respondería que nada mejor para representar su esencia como la imagen de un puente sobre un río.

Aguas abajo discurre la formación del hombre. Un recorrido de adquisición de enseñanzas: saberes y conocimientos;  hábitos y prácticas. Río arriba supone una trayectoria colmada de experiencia. La realización del ser humano, que se sabe forjado a base de aciertos y fracasos, y la ofrece como enseñanza al principiante en travesía descendente. Da lo que uno tiene. Y por encima de la corriente, la útil construcción: el puente, que une, conecta y pone en relación al maestro y al discípulo. La educación es cosa de dos: el que enseña y el que aprende. Y entre ellos una correspondencia: de buen trato, atención y cariño. Testimonio y ejemplo. Imitación y seguimiento.

Muchos de los males que nos aquejan en la hora presente tienen su raíz en la educación. El aire que respiramos es necesario para vivir. Lo mismo es la educación para convivir. Sin aire no hay vida. Sin educación no hay convivencia. Resultará necesario descender y ascender por los ríos y tender y cruzar puentes para la ingente tarea de ordenar nuestra existencia. Porque la educación es el remedio superior, el principio ordenador de las demás obras humanas.

http://www.abc.es/fotonoticias/fotos-opinion/20150909/raul-mayoral-benito-adjunto-1621923498928.html