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La educación para vivir

Durante el transcurso de su existencia, el hombre se encuentra con miles de obstáculos y en infinidad de apuros; y ante tales dificultades su mejor aliado es la educación en su sentido más amplio. Es la educación y no la naturaleza la que marca la gran diferencia entre el carácter de los individuos.
Decía Francisco Giner de los Ríos que la educación es dirigir la propia vida. Existen genios de las matemáticas que se conducen como unos auténticos maleducados. Otros componen maravillosos poemas pero carecen de modales en sus acciones más cotidianas. La sabiduría sin la buena educación degenera en pedantería incómoda. ¿De qué sirven las sabias palabras si son desmentidas por la conducta impertinente de quien las dice? Una persona sin educación es impropia para la sociedad y no sirve para vivir en el mundo. La educación debiera hacer a cada hombre libre y responsable para así poder dirigir su propia vida. Esto traería beneficiosas consecuencias para los demás hombres. Porque los buenos modales son a las personas lo que las buenas costumbres a la sociedad en general.
A las próximas generaciones hay que educarles para vivir y convivir y eso exige por su parte aprender todos los días y durante todo el tiempo. Y más en momentos tan condicionados por la tecnología como los actuales. Alvin Toffler suele decir que los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender. Por eso, es necesario cuidar de nuestra educación en cada momento, manteniéndola perfectamente preparada, mejorándola y reforzándola todos los días.