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Educación de memoria

Para Umberto Ecco, la memoria tiene dos funciones: la de retener y la de filtrar la información. Porque si no elimináramos la mitad de todo lo que aprendemos, nos volveríamos completamente locos. Distinta cuestión es que para algunos, el verdadero problema de la memoria de la persona no reside en la dificultad para recordar, sino en la imposibilidad de olvidar. Lo que nos lleva a citar al filósofo Fernando Savater cuando afirma que lo contrario de la memoria no es el olvido, sino el recuerdo amañado. Pero no es la memoria subjetiva la tratada aquí, amigo lector, sino la memoria objetiva, como facultad utilísima del ser humano, que en ningún caso debe sustituir a la inteligencia, sino complementarla, potenciarla y enriquecerla.

Otro filósofo, José Antonio Marina sostiene que la memoria es la que nos facilita el aprendizaje, pues vemos desde la memoria, leemos desde la memoria, comprendemos desde la memoria, inventamos desde la memoria… Todo lo aprendemos con la memoria. Marina considera un error disuadir a los niños para que no se aprendan de memoria los contenidos y materias. Sí es posible y conveniente adiestrarlos para que configuren su memoria, a fin de alumbrar lúcidas ideas, pensamientos ágiles y buenos sentimientos que proporcionen la capacidad óptima para afrontar y resolver problemas. En eso consiste el talento. Y para Marina, el talento se basa en la memoria.

El talento nos facilita el intercambio de experiencias, nos afianza en el respeto al diferente, nos permite trabajar convenientemente en grupo, nos fortalece la atención, nos ayuda a seleccionar las lecturas más idóneas, nos guía por conversaciones amenas y nos prepara para ser perseverantes y tenaces. Porque en la escuela y en la vida, como decía Albino Luciani, no basta desear, hace falta querer. No basta comenzar a querer, sino que hay que seguir queriendo. Y no basta siquiera seguir queriendo, sino que es necesario saber comenzar a querer de nuevo, cada vez que uno se ha parado por pereza, fracasos o caídas. El talento está estrechamente vinculado con la fuerza de voluntad. Y la memoria se ejercita y desarrolla mediante esta fuerza.

 

La fuerza de la voluntad

Un alumno inteligente llegará lejos. Uno voluntarioso llegará a donde se proponga. Nada se resiste ante una voluntad firme. Todo se doblega ante ella. La inteligencia es un grandioso talento que decrece y hasta desaparece si no se desarrolla ni vigoriza. Incurre en dispersión y acaba siendo algo estéril.

Dos inteligencias de igual alcance obtienen diferentes resultados según sea la voluntad que las dirige. Por ello, la capacidad intelectual depende enormemente de la fuerza de la voluntad; ésta fuerza se asienta en la decisión para emprender, en la resolución para ejecutar y en la perseverancia para llevar a término el camino emprendido. El dominio de la voluntad permite medir la cantidad y la calidad del esfuerzo, alentarlo en circunstancias de escasez y templarlo en momentos de abundancia.

Lo que empujó a Filípides a perseverar en su carrera anunciadora de victoria desde la llanura del Maratón hasta Atenas fue la fuerza de voluntad. Lo que sostuvo despierto a Rodrigo de Triana en lo alto de La Pinta permitiéndole avistar un nuevo Continente fue la fuerza de voluntad. Lo que propició que Henry Stanley culminara a orillas del Lago Tanganica una incansable búsqueda con aquella frase “Doctor Livingstone, me supongo”, fue la fuerza de voluntad. Y lo que facilitó que Amstrong pronunciara su histórica frase sobre la superficie lunar fue la fuerza de voluntad.

No hay educación posible sin la fuerza de la voluntad.