Educación libre de odio

Si quien desea educar pretende hacerlo sembrando odios y discordias, entonces no habrá educación posible. Tampoco existirá sociedad libre. Educar tiene algo de solidario, acaso de caridad entendida como amor y entrega; enseñar al que no sabe es un acto de dedicación y ofrecimiento hacia los demás. Compartir el saber y la verdad con el otro, no la ignorancia ni la mentira, es la mejor forma de extinguir resentimientos y animadversión entre los hombres y no enturbiar la convivencia.

Con motivo de los atentados terroristas del yihadismo islámico en Barcelona y Cambrils, el consejero de Interior del gobierno autonómico de Cataluña, Joaquín Forn, ha diferenciado en sus extravagantes declaraciones entre víctimas catalanas y víctimas de nacionalidad española. Este impertinente gesto es un síntoma que denota la presencia de una enfermedad mayor: una política rencorosa hacia la idea de España, que como una infección social, se propaga a la educación y a la cultura ideologizándolas y, por tanto, manipulándolas para ser impuestas a los catalanes. Y en un clima hostil y de ofuscación como ese, en donde las aulas se han convertido en instrumentos ideológicos, no puede germinar ni la educación ni la cultura.

Recabar la singularidad y el reconocimiento de lo propio es uno de los mayores embrujos que ha hechizado a los nacionalismos y, en especial, a los movimientos independentistas que anidan en España. Los partidarios, tanto del separatismo vasco como del catalán, siempre han experimentado un pueril regodeo con sus alborotadores intentos de rivalizar contra lo hispánico dentro del hogar común que nos acoge.

Las manipuladoras palabras del político catalán pertenecen al mismo lenguaje vengativo y de permanente desquite que ya emplearon los nacionalistas vascos en el exilio cuando en noviembre de 1949 tuvo lugar el trágico naufragio del vapor español Monte Gurugú frente a las costas británicas del Condado de Devon. En un chocante panfleto publicado por los separatistas al recogerse la lista de los fallecidos en el siniestro se decía así: “El tercer maquinista, don Juan Ibarrarán, de Guernica, de 49 años, casado; los agregados don Javier Gladis, de Bilbao, de 21 años, soltero, y don Sabino Zubieta Aldámiz, de Elanchove, de 20 años, soltero y dos fogoneros y dos marineros de Galicia y de Canarias”.

Al desposeer a las víctimas no vascas del derecho a una filiación, el humillante y cicatero texto venía a certificar la existencia de muertos de tercera. Y es que el odio contra lo español no respeta ni siquiera la demoledora igualdad que implacablemente asigna la muerte. Una muestra más de mala educación.

3 pensamientos en “Educación libre de odio

  1. Juan

    Lo más penoso es que no ha tenido la transcendencia que deberían haber teñido semejantes declaraciones.

    Para una persona de bien no debería haber diferencia entre víctimas por el color de su piel, por el lugar de nacimiento y por su pensamiento.

    Nos sentimos orgullosos por decir y distinguir “diputados y diputadas ” y sin embargo no somos iguales dependiendo el lugar de nacimiento.

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  2. Y este campo cuál es?

    Fácil querido amigo. Competencias en educación y siembran independentismo, hoy es un 20% en unos años, llegarán a ser mayoría. Culpa de ellos?, no, si no de gobiernos pusilánimes, y Tribunales Constitucionales que no valen para nada. Aplicación de la Ley ya, y si no hay sitio en las cárceles, se construyen más, tenemos terreno de sobra.

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  3. Nuria

    Enseñar es mágico; es una aventura, un gozo; es entrega e ilusión. Es abrir una ventana por la que puede entrar todo. De que la enseñanza sea sincera, auténtica y humana depende que seamos capaces de distinguir lo q nos forma (y exprimirlo al máximo) de lo que puede deformarnos (y discriminarlo). Y una enseñanza deformante, torticera, partidista….. Lo menos malo q producirá será ignorancia. Y la ignorancia nos hará menos personas y mas inhumanos; generará casi todos los males, incluido el odio y el rencor. Tras esta nueva terrible locura es triste ver cómo se reacciona y las reacciones dicen mucho de los q las toman, más q las palabras y gestos protocolarios. Las víctimas (cualquiera q sea su afectacion) son seres humanos q merecen el máximo respeto y consideración da igual d dónde sean (ésto parece de perogrullo, no?). Por encima de todo son personas y ciudadanos del Mundo con los q compartimos muchas mas cosas q las q nos diferencian. Y volviendo a la enseñanza…. Enseñar al q no sabe es hasta una obra de Misericordia.

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