La voz del episcopado

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, ha intervenido en un desayuno informativo organizado por un diario nacional, La Razón. En una primera exposición se ha referido a tres aspectos que integran la propuesta cristiana: La comprensión de la persona humana, el diálogo Iglesia-sociedad y la relación entre Historia y vida eterna. Nada fuera de lo que contenía aquella ya lejana, pero famosa Carta a Diogneto. Desde entonces, el encaje de la Iglesia en el mundo ha sido la cuestión nuclear que ha provocado conflictos y controversias entre creyentes y no creyentes. Pasan los siglos y aún nos preguntamos cómo es la forma de presencia del católico en la vida pública.

Sobre el primer aspecto, y con su inteligente percepción Monseñor Argüello, ha efectuado un severo pero acertado diagnóstico: “El tiempo moderno ha reducido la persona a un individuo autónomo con pretensión de poder”. Es lo que Romano Guardini llamó el antojo del yo. Además, el prelado indica que la modernidad ha traído nuevos desafíos tecnológicos que cuestionan el propio concepto de persona como la Inteligencia Artificial y los algoritmos. La primera puede acarrear el desertar de lo humano y los segundos se erigen en tiranos que nos controlan, nos distraen y nos enferman. En tal contexto, ha reivindicado la dignidad del ser humano. Y ha recordado que el perdón es aquí imprescindible porque, si bien existe una gran sensibilidad ante el mal, no la hay, en cambio, hacia el perdón. Señalamos culpas y errores en los demás, sin reconocer los nuestros y, además, somo reacios a perdonar.

Respecto al segundo aspecto, diálogo Iglesia-sociedad, los católicos vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. Como ha afirmado Argüello, la Iglesia vive en la sociedad y ello supone un aprendizaje costoso porque los fieles somos, a la vez, católicos y ciudadanos. Y ante el momento presente en que la democracia está en crisis, los católicos podemos contribuir a superar esa crisis fortaleciendo la conciencia sobre el valor mismo de la democracia: “Hay que ayudar a hacer pueblo, demos, a “cultivar la amistad social” como proponía el Papa Francisco, creando espacios de encuentro para “recomponer el demos y devolver al mismo tiempo al poder referencias éticas (otra vez Guardini y su ética del poder), ya que la democracia no puede proporcionarlas por sí misma, debido a que el relativismo moral y el positivismo jurídico ya no dan más de sí. Y los católicos debemos hacer esa contribución con humildad, sin complejos ni vergüenza.

Finalmente, en cuanto a la relación entre Historia y vida eterna, el arzobispo afirma que somos peregrinos hacia el Cielo, una plenitud ansiada porque hay en nuestro corazón un latido que es un anhelo hacia aquella. Y en nuestro peregrinaje vivimos en la Historia y asumimos el compromiso de fidelidad con aquellas realidades que están más vinculadas al Reino de Dios: la dignidad humana, el bien común, el desarrollo pleno de la vida humana. En suma, debemos ser fieles a la santidad como perfección de la caridad.

Por último, en el turno de preguntas, varias concreciones más del presidente de nuestra Jerarquía: Respecto a regularización de inmigrantes por el Gobierno, Argüello se ha referido a que “la acogida del extranjero atraviesa toda la Escritura”. La Iglesia nunca ha defendido la apertura indiscriminada de puertas, reconociendo el derecho de todo ser humano a desarrollar su vida en su país de origen. Pero al que viene hay que acogerlo, protegerlo, promoverlo e integrarlo. Debemos estar alerta ante las ideologías y el emotivismo que esas ideologías saben manejar para finalmente manipular las conciencias. No creemos en el paraíso en la Tierra y por ello sospechamos de todas esas ideologías que sí lo creen y prometen instaurarlo. Como ya ocurrió en el período de entreguerras del siglo pasado. La defensa de la vida hay que llevarla a cabo con la razón, aunque a nosotros, como creyentes, nos baste la fe. Sobre los abusos en el seno de la Iglesia, ha sido un hecho muy doloroso porque se han producido en el ejercicio del Ministerio sacerdotal con un uso bastardo de la autoridad y la confianza. La respuesta de la Iglesia ha sido lenta y tardía. El camino hacia el Cielo es de semillas que sembramos y germinan aquí en la Historia, pero darán fruto pleno en la vida eterna, en el Reino de Dios. Sus palabras han sido una invitación a hacer de nuestra vida un camino de actos con trascendencia de eternidad.

 

Liderar haciendo futuro, ganando la eternidad

La semana pasada un diario nacional informaba en sus páginas sobre la organización de un evento para jóvenes, Future Makers. A través de propuestas centradas en educación, vivienda, empleo y política, los asistentes reclamaban a los partidos políticos “reformas que ayuden a la juventud a edificar sus proyectos de vida y llevar sus ambiciones lo más alto posible”. Cierta actitud alegre y confiada, cándida, como de optimista de verbena, resulta de pensar que nuestros dirigentes, de uno y otro color, centren sus políticas en un colectivo electoralmente insignificante sobre el que se ciernen negros nubarrones, aunque con impetuosas ganas de cambiar el mundo. Es mejor centrarse en uno mismo.

Un día después, el periódico, a través de su suplemento, publicó la entrevista realizada en un convento de clausura a una monja madrileña de tan sólo veinte años, que desde hace tres decidió tomar distancia del mundo, pero sin apartarse del mundo. Joven igual que los protagonistas de Future Makers, pero con una notabilísima diferencia, ella vive voluntariamente entre rejas, aunque gozando de una plena libertad interior. Cuando el entrevistador pregunta a la religiosa la opinión sobre la juventud, responde que se halla muy despistada. “Cuando quitas a Dios de tu propia vida aparecen todo tipo de ideologías. Por eso la gente vive agobiada y triste porque tu dios no puedes ser tú ni el influencer de al lado”. Incluso, reconoce que antes de cambiar de vida, ella vivía de forma incoherente.

Entre los asuntos abordados en la concentración juvenil destacaron, entre otros, el miedo al fracaso, el compromiso social y el liderazgo cultural. Es este del liderazgo un tema muy manoseado en las últimas décadas, especialmente, por algunos gurús y chamanes que dicen ser curanderos de los males de las organizaciones. De la misma manera que para prender algo, debes portar fuego, para liderar un grupo de personas debes previamente liderarte a ti mismo. ¿Cómo vas a restaurar la sociedad si antes no te has restaurado tú? Se necesita mucha humildad y un sincero afán de servir a los demás, porque en eso consiste el buen liderazgo, en ser coherente y ejemplar, para luego ser influyente debido a que el ejemplo es tan poderoso como la fuerza de penetración de una flecha de acero.

Ni a la humildad ni al servicio se llega a la velocidad de un AVE (de los de antes). Exige un proceso lento que parte de conocerse a sí mismo, de abrir el corazón y limpiarlo de cachivaches: soberbia, vanidad, envidia, tristeza… y de quitarse máscaras porque el que se finge fantasma acaba siéndolo. Durante esa apacible travesía se debe escuchar a la voz de la conciencia, que siempre conduce al bien y a la verdad, y empaparse de optimismo, del entusiasmo de la confianza y del alegre impulso de la esperanza, porque el pesimismo es contrario a toda obra fecunda. Con tales logros, llegarán otros: administrar el tiempo, disfrutar del silencio y la soledad para meditar y contemplar, ejercer tu libertad interior, estudiar y formarse. Se entra así en la dimensión de las tres “p”: prudencia, paciencia y perseverancia, que te proporcionan calma y serenidad para, primero, aceptar, y después superar la adversidad. Y una vez que se es líder de sí mismo, uno crece de dentro hacia afuera estando ya en disposición de liderar a los demás. Ignoro si esto será un liderazgo cultural, profesional o político, pero sí es un liderazgo coherente y ejemplar, basado en la entrega a los demás, en el amor, no en la fuerza. Liderar a corazón abierto no sólo hace futuro, también gana la eternidad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de febrero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293697/opinion/liderar-haciendo-futuro-ganando-la-eternidad.html

El Papa León XIV nos visita

En la primera semana de Cuaresma, tiempo penitencial, pero también de auténtica conversión, o sea, de verdad, ha querido la Providencia agraciarnos con la noticia ya oficial de la venida del Santo Padre a España durante los días 6 a 12 del próximo mes de junio. Gran acontecimiento el que viviremos los españoles y, en especial, los católicos, recibiendo al Papa que nos honra con su visita. Una visita que es de importancia capital ante momentos de encrucijada, de dilemas, en suma, de retos. Pero con la confianza en que León XIV está haciendo lo que es justo con palabras y actitudes atinadas, lúcidas y penetrantes. Sus ideas, sus métodos, su acción, más que de ayer, son de hoy, de mañana, de siempre. Porque apuesta por la verdad, por la justicia, por la dignidad de la persona humana. Apuesta por el Evangelio, por sus esencias y sus principios.

Sólo así nuestra religión católica tiene futuro y será pujante. Sólo así nuestro apostolado en la vida pública transitará por el “camino de la perfección” que San Pablo nos enseña en el “Himno a la caridad” en su Primera Carta a los Corintios. Esa perfección que consiste en la caridad, esto es, en el distintivo del católico mientras estamos en este mundo. En la síntesis de toda su vida: de aquello que cree y de aquello que hace. Y es esa caridad la que imprime el sello a la santidad. Porque es en la vida de los Santos en donde reconocemos la variedad de sus dones espirituales y sus características humanas. Es la vida de cada uno de ellos un himno a la caridad, un cántico viviente al amor de Dios. Cuánta razón tiene Monseñor Munilla al decir que los Santos suelen romper la lógica humana hasta el punto de resultar molestos porque el testimonio de su vida, unido a la denuncia de su palabra, dejan al descubierto nuestra mediocridad y nuestras incoherencias.

Que el anuncio del viaje del Papa nos sirva de guía y de acicate en este tiempo de Cuaresma para ser, de veras, nosotros mismos sin dejarnos llevar por las circunstancias, condicionados por las personas y los ambientes, creando una ficción en torno a nosotros y padeciendo por no ser lo que realmente somos. Porque, en ocasiones, el riesgo de la fragmentación y de la incoherencia humanas radica en vivir hacia el exterior y no mirar dentro de uno mismo. Hagamos, pues, conversión, tengamos necesidad de un cambio del corazón. Recuerda que sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo.

Fuente gráfica: Vatican Media

España 2040, un proyecto de Bien Común para la próxima década

Con el mismo afán de aquel lema regeneracionista “¡Escuela y Despensa!” de Joaquín Costa, el Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria reúne en esta obra, España 2040. Un proyecto de bien común para la próxima década, las reflexiones de académicos, en su mayoría, y de destacados miembros de la sociedad civil, a fin de reordenar nuestro viejo caserón patrio puesto patas arribas por el nefasto sectarismo gubernamental. Como la idea precede a la acción, el debate de las ideas ha de ser previo al político. Son, precisamente, las Universidades, los laboratorios de investigación y los centros de conocimiento quienes deben generar el pensamiento que luego los políticos transformarán en programas electorales y aplicarán como políticas públicas.

El resultado es todo un proyecto colectivo de bien común con la mirada puesta en la España de 2040, es decir, toda una propuesta de ambición nacional para mañana y a primera hora en la que deben participar, más que los políticos, los ciudadanos, porque más que cambiar políticas, resulta urgente un cambio cultural que provoque un fuerte compromiso cívico. Las dieciséis aportaciones mantienen la misma secuencia: el diagnóstico y la terapia. Sabemos lo que nos pasa y sabemos cómo se nos pasa.

Resulta llamativo que la mayoría de los autores inserten en sus formulaciones llamadas de atención, alerta ¿o quizá ya alarma? ante esa incomprensible “voluntad de los españoles de extinguirse” con una tasa de natalidad de 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. Dicho talón de Aquiles está presente a lo largo de una obra que propone, además de fortalecerlo, también regenerar la democracia, preservar la Justicia y el Estado de Derecho, simplificar el sector público, corregir la organización territorial, sanear la economía, aprovechar las fuentes de energía, repoblar el entorno rural, garantizar nuestra seguridad interior, rearmar la política exterior y de Defensa, reparar el sistema educativo y encauzar el desarrollo tecnológico. Aun así, el exhaustivo trabajo está impregnado tanto de esperanza en lograr una España mejor, como de confianza en la superación de crisis y desafíos de todo tipo, tras más de cinco siglos de unidad y fortaleza.

Son dos los retos que angustian la hora presente: el pesimismo nacional y la división entre españoles sobre un escenario erizado por el riesgo de ruptura de la nación, la quiebra constitucional, la inmoralidad de la corrupción política, la ruina del sector público, la debilidad de la economía, el suicidio demográfico y el deterioro de una convivencia alejada de la concordia y proclive a la discordia.

A ello se suma la incertidumbre y la inestabilidad provocadas por el actual “desorden mundial” tras arrumbarse el orden liberal basado en el multilateralismo y la cooperación internacional. Otros desafíos que los españoles debemos acometer para la próxima década en aras del bien común son cinco: el fortalecimiento de la democracia, la prosperidad económica, la seguridad tanto interior como exterior, la demografía y la educación.

Las últimas líneas del libro recogen las dos tareas decisivas a emprender por los españoles en este proyecto para el bien común de España: recuperar el dominio de nuestro propio destino y redescubrir un nuevo propósito histórico como Nación en el marco de la comunidad hispánica. Aunque, con otras palabras, pero eso mismo apuntó décadas atrás nuestro ilustre don Gregorio Marañón en Españoles fuera de España: “Pienso en los raudales de energía derrochados por los españoles en contiendas que son artificios por ellos mismos creados, y que, con la mitad de esa energía aplicada al bien común, se hubiera podido hacer de España la Nación más prospera del continente”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de enero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293013/los-lunes-de-el-imparcial/vv.-aa-espana-2040.html

Modelo Meloni o el itálico modo

De entrada (prima facie), el sustantivo “modelo” unido a una mujer induce a pensar en una pasarela de la moda, italiana, por supuesto. Sin embargo, cuando la mujer se apellida Meloni, la expresión se torna en rasgo de buen gobierno. Georgia Meloni no deja de sorprender. Hace un tiempo, su modelo para solucionar la inmigración en Europa mediante la creación de centros de deportación era visto con recelo y desdén en la mayoría de las cancillerías europeas. La izquierda tachó la iniciativa de inhumana y a su promotora de xenófoba. No se olvide que esa misma izquierda decretó en Europa la alerta antifascista cuando la dirigente italiana accedía a la presidencia del Gobierno de su país.

Actualmente Meloni es una mujer mucho más eficaz, moderada y coherente que Ione Belarra, Yolanda Díaz o Marichús Montero. Y, por supuesto, no provoca en las mujeres el miedo que sí causan José Ábalos o Paco Salazar, aun por separado. Hoy el Consejo de ministros europeos de Interior ha aprobado un conjunto de medidas para facilitar la expulsión de inmigrantes ilegales siguiendo el modelo de centros de retorno o deportación que Meloni proyectó en el pasado. El mérito de la italiana es doble: Además de sacar adelante su proyecto, impulsado por el Comisario de Migraciones, un austríaco, lo hace bajo la presidencia danesa, de ideología socialdemócrata, lo que fue el PSOE antes de llegar Zapatero y Sánchez a destrozarlo. La nota discordante la dio el ministro español Marlaska, oponiéndose enrabietado a la medida. Entra bastidores, Georgia se limitó a presenciar la pasarela. Un éxito.

Meloni es una dirigente de otra latitud. En Italia, decir “político italiano” es una redundancia, porque allí todos son políticos. Y más, las mujeres, que, aunque no gobiernan, sin embargo, inspiran, promueven y dirigen, tanto en la familia como en la sociedad. A la cumbre del G-7 celebrada en Apulia, Italia en junio de 2024, asistieron por invitación de Meloni, que presidía la reunión internacional, Zelenski, Milei, Lula da Silva y el Papa Francisco. Para la posteridad quedará la finezza de la italiana al excluir el derecho al aborto en el comunicado final de la Cumbre. Pero lo más sorprendente de esta política católica fue su respuesta al Papa, cuando, perplejo éste por el manejo y la soltura de la anfitriona entre tantos líderes mundiales, la preguntó: “Señora ¿Cómo lo hace?” Ella respondió: “Como lo hacemos siempre las mujeres, sin extravagancias, mandando sin que se note”. Sinatra tenía su fórmula: “A mi manera”. Meloni, tiene su modelo: la Cristiandad. Ojo, porque es mujer, es italiana, o sea, una gran política.

¡Preparados! ¡listos! ¡ya!

Son éstas expresiones propias del comienzo de una prueba deportiva, atlética, gimnástica. Pero también serían propias del inicio de cualquier prueba en la vida. Mejor dicho, de la prueba más decisiva para nuestra vida que es la de la renovación interior. A esa transformación íntima, recóndita, profunda nos convoca el Adviento. Una llamada para empezar de nuevo, gracias a quien hace nuevas todas las cosas.

“Estad atentos, vigilad” (Mc. 13.33). “Estad en vela” (Mt. 24.42), son convocatorias a la conversión. Nueva oportunidad para el reinicio de una vida más mejorada, mejor vivida en paz y amor. Y esa gran ocasión nos la ofrece la venida del Salvador, Jesús de Nazaret. Fue éste un pueblecito en donde el ángel del Señor anunció a María y el Verbo se hizo carne, dando origen a la Redención. Una verdadera revolución, no a modo de estridente algarabía por las calles, sino de suave renovación en los corazones, suponiendo un cambio absoluto y radical en la escala de valores.

De Nazaret partieron José y María hacia Belén, lugar en el que nació el Niño Dios. Nazaret es el punto de partida de una esforzada carrera, de un Camino que es la Verdad y la Vida. De Nazaret sí puede salir cosa buena, Natanael. A veces nos equivocamos porque nuestros planes no son los de Dios. Hagamos sus planes empezando desde dentro. En tiempo de Adviento, estemos preparados, atentos, listos; en silencio y recogimiento, disponiendo fuerzas para la conversión. ¡Ya!

La hora de la sociedad civil

Según Felipe González, tenemos un Parlamento a la italiana pero carecemos de  políticos italianos, siempre prestos y dispuestos al pacto. De un político italiano se dirá siempre que es doblemente político. Una especie de redundancia. En opinión de José María Aznar, algunos han roto el pacto del 78, aquél que surgió de la Transición y que logró la reconciliación entre los españoles en convivencia democrática. Resultando imposibles entre la clase política los grandes consensos que permiten la estabilidad de una nación, es la hora de la ciudadanía, pero no de una masa amorfa sin dirección, sino de grupos sociales vigorosos, maduros y bien articulados. Es la hora de idear de nuevo el porvenir juntos, de volver a encontrar un proyecto colectivo de ambición nacional sugestivo y fecundo que ilusione. Y para ello se necesita un sustrato de personas que piensen, que solo piensen.

Sin duda, nuestro régimen político no sólo es perfectible, sino que está muy necesitado de modificación y de más apertura al ciudadano. Pero en esa transformación debemos conservar valores firmes como la seguridad y la libertad. En suma, tender a un régimen más abierto y participativo sin desperdiciar el caudal de experiencia ni abandonar logros ni realizaciones estimables. Cada día es más necesario que el español se sienta personaje activo del quehacer cotidiano nacional; cada día es más conveniente sacar a la mayoría de la opinión pública de su estado actual de atonía; cada día es más razonable preparar hombres públicos en número suficiente para las necesidades del mañana.

Hoy ante la tentación totalitaria que domina en ciertos ámbitos internacionales o ante el deseo de revancha destructiva que anida en algunas posiciones ideológicas, resulta urgente redoblar el esfuerzo de todos por garantizar los niveles de libertad y responsabilidad que nuestro tiempo histórico nos exige. Es la misma ciudadanía la que debe recordar a los dirigentes políticos que la política ha de ser un medio para conseguir un fin y no es un fin en sí misma. Que es inmoral malgastar en vaivenes y disputas partidistas las energías que deben emplearse en estabilizar España por la vía de la concordia superando antagonismos y heridas históricas. Y, por supuesto, que la Constitución es nuestro marco de referencia fuera del cual nadie está legitimado. El buen gobernante es el que da importancia al ciudadano, pide su opinión y sirve al interés general. Vigorizar la democracia pasa por hacer más efectiva, exigente y responsable la participación ciudadana. La democracia se salva con compromisos éticos y cívicos de los dirigentes y de la sociedad civil.

Es hora de recoger el testigo del consenso y del espíritu de la reconciliación que con sacrificio y generosidad contribuyeron a construir una España libre, estable y próspera. Como afirmó Abraham Lincoln el verdadero ciudadano demócrata es aquel que no queriendo ser esclavo tampoco desea ser amo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de febrero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/210487/opinion/la-hora-de-la-sociedad-civil.html

Literatura y cristianismo

Escribe Sebastian Haffner en sus Memorias 1914-1933, conocidas por Historia de un alemán que “entre 1934 y 1938 se escribieron en Alemania, como forma de evasión obras basadas en recuerdos infantiles, sagas familiares, narraciones paisajísticas, lírica dedicada a la naturaleza y demás cositas y jueguecillos líricos (…) Toda una literatura basada en cencerros y margaritas silvestres, pletórica de esa felicidad que inunda a los niños durante las vacaciones y repleta de primeros amores, olor a cuento y manzanas asadas y árboles de Navidad. Una literatura de carácter intimista y atemporal, casi cortante, fabricada al por mayor como por encargo en medio de desfiles, campos de concentración, fábricas de munición y formaciones de choque. Pero llegó un momento en que los recuerdos infantiles ya no les sirvieron de protección a muchos alemanes”.

Hay una literatura de evasión, de escape, como describe Haffner, y hay una literatura de compromiso. Un cristiano debe comprometerse con el mundo en el que vive. En todos los actos de su vida, el cristiano debe poner, lo que Fernando Martín-Sánchez Juliá llamaba trascendencia de eternidad. Recientemente, el Papa León XIV en la canonización de Pier Giorgio Frassati, dijo: “Para él la fe no fue una devoción privada, sino que, impulsado por la fuerza del Evangelio y la pertenencia a asociaciones eclesiales, se comprometió generosamente en la sociedad”.

Personalmente, creo que la vida no es para almacenarla sino para compartir, para gastarla, para entregarla como lo hizo Jesucristo. Y así se entiende la gran paradoja del cristiano: Para enriquecerse debe desprenderse, para tener debe dar, para ganar debe perder. Y en mis dos recientes obras, el ensayo Pregón de combate para jóvenes de espíritu, y la novela histórica, Perder para ganar. Una paz para un siglo, he plasmado mi compromiso con la fe cristiana. Las páginas de ambos libros están impregnadas de cristianismo. Los dos títulos constituyen un compromiso con la verdad en una época en la que se cree en cualquier cosa, pero se desconfía de la verdad.

Nunca como ahora se teme al pensamiento preciso y a la palabra exacta. Pero también nunca como ahora es necesario llamar a las cosas por su nombre. La palabra ha tenido siempre dos enemigos: Los enemigos de la libertad y los enemigos de la verdad. Con la censura, se cancela la palabra y con ello la libertad. Con el amaño, se manipula la palabra y se altera su significado. Unos y otros enemigos pretenden implantar el reino de la mentira, del engaño, de la farsa. No se olvide que el drama de la verdad es el drama de la libertad porque la verdad, como dijo el Evangelista San Juan, nos hace libres.

Sobre

Hay un silencio glaciar, sinónimo de mudez, y hay un silencio sonoro que vale por discursos, porque un mutismo vale más que mil palabras. Ambos han sido protagonizados por el sanchismo ante dos hechos trascendentales para la paz y la libertad en el mundo: el acuerdo auspiciado por Donald Trump entre Israel y los terroristas de Hamás, y la concesión del Premio Nobel de la Paz a la defensora de la democracia María Corina Machado. Ante acontecimientos tan felices, la izquierda española ha quedado desnuda y colgada de la brocha demostrando que ni ansía la paz ni defiende la libertad.

Coincidiendo con el descubrimiento de entregas de sobres que sobrevuelan de aquí para allá, el sanchismo ha sufrido un sobrecogedor sobresalto en su cínica sobreactuación en el concierto internacional, viéndose sobrepasado por la realidad de las sobrevenidas noticias del acuerdo de paz y del Nobel de la Paz. En Moncloa, se percibe el sobrecejo de su inquilino, quien padece un sobrecalentamiento en el ánimo, consecuencia de sobrecargar con excesivo sobrepeso en una legislatura con sobredosis de prórroga presupuestaria que se sobreentiende acabada.

Si ya está siendo sobrehumano sobrevivir ante una sobreexcitación causada por el sobreviento judicial que sopla sobre familiares y colaboradores, la sobreimpresión es mayor, sobre todo, al tener que soportar en las sobremesas de los hogares españoles el protagonismo sobresaliente del presidente Trump y la resistente opositora Machado. Únase a ello, los sobresueldos, los sobrepagos y los sobreprecios del otrora sobrero Ábalos. El resultado es que Sobrepedro ya no está sobreseguro ni puede sobrellevar ni sobreponerse a tan sobreabundante sobrecarga.

Fuente gráfica: Diario El Mundo

Trabajar mejor, ganar más

El Gobierno pretende reducir la jornada laboral de 40 a 37,5 horas, sin merma de salario. Los empresarios se lamentan de que con el vicio del absentismo la jornada de trabajo es ya inferior a 35 horas. La promotora de la medida es una ministra comunista del Gobierno de coalición, cuya propuesta ha sido derrotada en el Parlamento presentada sin el conveniente consenso del empresariado. ¡Qué tiempos aquellos en que empresarios y sindicatos resolvían por sí solos sus diferencias sin intromisión de los políticos!

En España disminuir las horas de trabajo podría resultar sensato si la productividad alcanzara niveles óptimos, pero padece un espectacular desplome. Igual que la competitividad. Además, con esa disminución se reducirá también la producción, resultando más desempleo, al no poder las empresas sostener sus plantillas por el elevado coste. Se avecinan mayor fragilidad económica y menor prosperidad social. Mi abuela, que no sabía de productividad ni de competitividad ni conoció el absentismo laboral, siempre repetía en sus tareas y labores: “Lo bien hecho bien parece”. Leyendo a Charles Péguy me topé con la idea de la obra bien hecha y recordé, no tanto a mi abuela, sino a su generación. “Nosotros hemos conocido, afirmaba el escritor francés, la piedad de la obra bien hecha, trabajada, mantenida hasta sus más estrechas exigencias. Hemos conocido un honor del trabajo. Era necesario que un palo de una silla estuviese bien hecho. No hacía falta que estuviese bien hecho para el patrón ni para los expertos ni para los clientes del patrón. Hacía falta que estuviese bien hecho él mismo, en sí mismo, por él mismo, en su ser mismo. Un honor quería que ese palo de silla estuviese bien hecho”. Un honor deportivo que llevaba al trabajador a hacer cualquier parte de la silla que no se viera exactamente con la misma perfección con que se hacía la parte que se veía. Había un disgusto por la obra mal hecha. Había un desprecio para aquel que hubiese trabajado mal. A los obreros ni siquiera se les pasaba por la cabeza esa idea.

Proseguía Péguy que en la mayoría de los oficios se cantaba. Hoy se refunfuña. Los obreros tenían ganas de trabajar. Se levantaban por la mañana, y a qué horas, y cantaban con la idea de que ellos partían a trabajar. Era su alegría y la raíz profunda de su ser. “Estos obreros hubieran sido sorprendidos, y cuán grande hubiera sido su disgusto, o ni siquiera eso, su incredulidad, cómo hubieran podido creer que no se bromeaba, si se les hubiera dicho que algunos años después los obreros, los compañeros, se proponían oficialmente hacer lo menos posible y que considerasen tal cosa como una gran victoria. Una idea semejante, suponiendo que la hubieran podido concebir, hubiese sido un golpe contra ellos mismos, contra su ser, hubiera sido dudar de su capacidad, porque eso hubiera supuesto que no hubieran rendido todo lo que podían”. Péguy pretendía la regeneración de la sociedad comenzando de abajo arriba. Hoy algunos pretenden degenerarnos de arriba abajo. Porque la mayoría de la gente prefiere trabajar más y ganar más a cobrar lo mismo trabajando menos horas.